martes, 12 de enero de 2016

Las Mejores Historias de terror



Pánico
Desperté muy agitado, unos gritos interrumpieron mi sueño, sentado en la cama creí que los gritos habían sido parte de mi imaginación, hace días que imaginaba cosas y además por algún motivo me sentía preso en mi propia casa.

De pronto los volví a escuchar, provenían de afuera. Rápidamente corrí hacia la puerta. Para mi asombro, estaba trabada desde afuera, miré a mi alrededor horrorizado, vi que a las ventanas les habían colocado barrotes de acero: querían encerrarme ¿Pero quién, y Por qué?



Entré en pánico, pateé la puerta hasta el cansancio, pero esta no cedió ni un poco, desesperado arranqué una pata de la mesa y descargué varios golpes a la ventana rompiendo el vidrio, pero los barrotes seguían firmes. De repente se escuchó el abrir de la puerta y entraron unos seres de blanco, uno de ellos se acercó lentamente diciendo que no me haría daño, le clavé la astillada madera, no me dejaría atrapar fácilmente. Entraron más hombres, me sujetaron los brazos y piernas, les di mucha resistencia, golpeé a varios, pero uno de ellos clavó en mi cuello una especie de aguja.

Desvaneciéndome por la inyección, lo último que escuché fue: El paciente número 7 se salió de control, destrozó su habitación y abatió a un enfermero. Sus alucinaciones han vuelto, le suministré doble dosis de calmantes, esperando que le hiciesen efecto y cayera en un estado de sueño profundo.

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Platos Sucios.

Había una familia compuesta por 5 hijas y su madre, las hijas de esta casa eran muy desobedientes y casi no ayudaban a su madre en los quehaceres. Todos los días era el mismo problema por, ¿Quién va a barrer?,¿Quién va a limpiar? y sobre todo,¿Quién lavará los platos?.

La madre siempre le decía a una de las hijas -lava los platos- y estas respondían -a mí no me toca- y así a nadie le tocaba, hasta que la pobre madre cansada de oírlas pelear, terminaba ella lavando todos los platos.


Un triste día, la señora tuvo un accidente y falleció. Las cosas en esa casa comenzaron a empeorar, ya que no habían platos limpios para usar, los platos vivían sucios, y no hablemos de barrer, toda la casa era un desastre y ninguna de las chicas hacía los quehaceres.

Una noche, mientras las hijas estaban acostadas, cada una en su habitación, empezó a escucharse la escoba, y en el fregadero los platos sonaban como cuando alguien los lavaba. Cada una pensó que una de las hermanas estaba lavando los platos y así cómodamente siguieron acostadas cuando de pronto escucharon la voz de la madre fallecida diciendo:

HIJAS,YA ESTÁN LAVADOS LOS PLATOS.

Todas quedaron aterrorizadas, y a partir de ese día, nunca más dejaron los platos sucios.

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